Cambia por completo el juego
Lo que ocurre realmente cuando el cambio no sucede.
Como un músculo, buscamos el punto de fallo para crecer. Podemos acercarnos al borde del fracaso para crecer. El fracaso, el arrepentimiento, el dolor, los errores, los fallos, los cuellos de botella… todos ellos son oportunidades, y están en todas partes. Tanto en los eventos positivos como en los negativos de nuestras vidas, siempre encontramos crecimiento.
Evitar el fracaso puede crear una máscara de perfección. Refinamos y refinamos algunas ideas, buscamos lecciones del contexto, de una relación, de una situación, solo para quedarnos casi en el mismo lugar o lograr una mínima mejora. La perfección siempre exige un poco más de refinamiento antes de tomar una decisión, y eso también significa que el estado real es el miedo a aquello que aún no está listo.
En la búsqueda de la perfección hay algo más profundo: nuestro amiga y atractiva “mejora continua”, es decir, pequeños pasos de cambio cada día. Este enfoque no termina el juego, simplemente refina el mismo juego. Las pequeñas mejoras deben minimizarse, porque una mejora interminable sobre el mismo juego puede hacernos sentir pesadez, ya que las reglas siempre son las mismas.
Eventualmente, te quedarás atrapado en tus hábitos disciplinarios y tu curiosidad se perderá intentando resolver algo, intentando hacer cambios, cuando el problema de raíz es que necesitas cambiar completamente el juego. En la intensa persecución de la disciplina hay una sutil sensación de no aceptar lo que somos y de cambiarlo de forma agresiva. Separamos la herramienta del yo y perdemos nuestra capacidad de autorregulación, jugamos con las mismas reglas en nombre de nuestro status quo de “ser disciplinad@s”, nos separa de los demás y, primero, de nosotros mismos.
Inevitablemente, la vida es como una brújula entre la regulación y la desregulación. El mayor crecimiento llega cuando te desestabilizas a propósito, cuando dejas de usar la misma forma de abordar un problema, un concepto o una relación, cuando dejas de aplicar la misma metodología una y otra vez y empiezas a crear en lugar de repetir.
Hacer lo mismo es una trampa, es tu mayor trampa, una trampa cableada también para tu negocio. Y lo curioso es que ya sientes esa pesadez de la misma pequeña mejora y, aun así, seguimos fortaleciendo nuestra disciplina.
¿Cómo hacer algo realmente diferente?
El primer paso es detectar qué juego estás jugando, qué rol te fue asignado, incluso si no eres consciente de ello. Puedes seguir a alguien o a la competencia de tu negocio hasta que te des cuenta de que vas a estrellarte contra la misma pared.
Explora tus herramientas
Tu enfoque puede tener un punto ciego. Cuando no puedes hacer un cambio radical, es porque estás apegado a tu propia metodología. Algo que funcionó ayer, hoy puede no funcionar y mañana te dejará aún más estancado. Una herramienta puede funcionar hasta que pierde valor, ralentiza tu velocidad y te hace sentir pesado por usarla constantemente. El salto cuántico comienza con tus herramientas. Y tus herramientas no son solo las técnicas; también son los conceptos y los comportamientos. La exploración sirve para descubrir por qué, para qué las usas y, eventualmente, para quién.
Cambia todo el juego
Mudarte a otro país, explorar un nuevo lugar, practicar un nuevo comportamiento puede cambiar tu forma de ver la vida para siempre, saltando hacia tus miedos y descubriendo tus habilidades.
Recuerda, el problema no es el plan que haces para tu progreso. El problema es que crees que necesitas todos los pasos, esos pequeños pasitos de mejora. Salta hacia tu sueño y construye tu sueño creando, enfocándote y amplificando tu energía todo al mismo tiempo, en lugar de caminar el plan. Entra en modo creador contigo mismo y colócate en el centro de la experiencia.
Evita tus patrones antiguos.
Cambia. En lugar de mantener tu forma de hacer y de ser, ábrete a los cambios, hazlos grandes y evita tus viejos patrones: literalmente, ignora tus dudas, deja de preguntarte si algo es posible y suspende a tu viejo yo.
Si sientes la comodidad de tu silla en tu escritorio, significa que un par de personas están navegando a la velocidad de los cambios que ocurren en tiempo real cada día. Si sientes que alguien o la organización para la que trabajas te está “salvando”, solo estás experimentando un momento a cámara lenta antes de estrellarte contra los cambios rápidos de la realidad. La transformación es inevitable y nadie podrá decir “Aquí viene otro cambio que no va a funcionar ni a afectarme”. El verdadero problema sería que el cambio no ocurra.
Gracias por tu lectura.
Julián.-

