El problema nunca está en la herramienta
La motivación no expresada detrás de lo que ya no funciona.
Conocemos esa sensación cuando una herramienta que usamos empieza a perder eficiencia. Notamos cómo su entropía aumenta y surgen los problemas. En ese momento, nuestra mente crea una brecha entre la herramienta y quien la porta, como si fueran dos objetos externos y desconectados. Exploraremos este patrón en relación con la sobre-identificación con una herramienta.
Una herramienta es algo específico o abstracto que usamos para avanzar: una metodología, una filosofía, un martillo o una hoja de cálculo. Tiene dos perspectivas: una técnica y una social. La primera podemos aprenderla en distintos lugares como internet, plataformas de IA y libros. La segunda es el componente emocional que interviene en el proceso de aprendizaje que cada individuo utiliza para integrar ese conocimiento.
Nuestra relación con una herramienta
A menudo vemos noticias que enfatizan en las herramientas con titulares como: “La IA te reemplazará”, “La gestión del cambio ha muerto”, “La filosofía Agile llega a su fin”.
Esta reflexión interminable sobre el aspecto técnico genera una reacción emocional interna de lucha, huida o parálisis que impide cualquier transformación.
Cuando esto ocurre, surge un mecanismo de defensa o ataque de opiniones alrededor de la herramienta; en ese instante, estamos siendo comandados por ella.
La parte fácil de esta dinámica es culpar a la herramienta en lugar de comprender profundamente quién está detrás de ella. Una herramienta solo se mueve gracias a quien la porta, dándonos una forma temporal de aprender, pero nunca es responsable de los resultados que obtenemos.
Los resultados tienen que ver con transformarnos a nosotros mismos para desligar continuamente nuestro valor de la herramienta.
Este patrón está relacionado con la percepción de valor, que se trasladó de la persona a la herramienta, definiendo el valor humano y limitando su crecimiento. Además, este patrón nos lleva a olvidar que, como individuos, no solo tenemos valor por encima de la herramienta, sino que nuestro valor existe simplemente por ser, antes incluso de tomar la herramienta. Ese es el gran cambio.
Entonces, ¿qué cambio debemos emprender que transforme cualquier herramienta como consecuencia?
Esta pregunta pone el foco en el lugar correcto para aprender sobre nosotros mismos en la experiencia de usar la herramienta y, en última instancia, sobre quiénes somos mientras la usamos.
Cada herramienta es evidencia del viaje de transformación del creador, y en esencia nunca conocemos la verdad más profunda de cómo fue creada.
Las herramientas no funcionarán si no está presente la intención de transformación y el compromiso de encontrar tu propio camino.
-Bruce Lee.
La importancia de desligarnos de la herramienta
La creación es un subproducto del cambio, que se activa cuando algo en nuestra realidad actual no existe. También, cuando algo ya está ahí pero no es funcional en nuestro contexto, se convierte en una llamada a una nueva creación.
Al enfocarnos en esto, el cambio pertenece a un viaje personal, se basa en decisiones tomadas desde una verdad interna y única. Cuando interiorizamos esto, conservamos nuestra libertad individual independientemente de las cosas que están o no están bajo nuestro control.
Esta individualidad puede convertirse en un acuerdo colectivo compartido con otros; este tipo de consenso representa o tiene una perspectiva que resuena con alguna parte de una verdad personal. Pero solo es eso: no es una verdad. Una verdad no existe colectivamente, es imposible.
Esta distinción es importante porque solo hay un paso de un acuerdo compartido a una especie de autoridad global. Tenemos abundante evidencia de que casi siempre las autoridades han vendido una “verdad” bien empaquetada: el sistema escolar, la religión, los caminos prefabricados, las metodologías. Nada de esto está mal; son herramientas temporales para aprender, experimentar, comparar y elegir, pero debemos dar el paso de crear las nuestras.
El problema nunca está en la herramienta, está en quien la porta. Este cambio de enfoque es el camino definitivo hacia la transformación.
En esta dinámica de la vida, cambio y creación son palabras intercambiables, y debemos estar conscientes de cuándo “compramos” herramientas como sinónimos de autoridad. Podemos seguir usándolas siempre y cuando sepamos que hay tanto potencial por desplegar si nos permitimos ser los artistas que construyen la propia verdad única.
Julian.-

