Desata tu modo creador
Desactiva la guerra interna de la competencia para impulsar un crecimiento sin igual.
Los sistemas educativos, laborales y sociales están llenos de señuelos que proponen interactuar a través de un paradigma de competencia. Las trayectorias profesionales, los juegos “inocentes” que buscan un ganador, se basan en lo mismo. Estos están diseñados para activar nuestras reacciones primitivas basadas en la supervivencia. Una vez activadas, nuestra forma de operar se basa en la comparación con los demás.
Cuando esto sucede, nuestro viaje de evolución personal se pausa, nuestra mente estrecha su enfoque hacia una persona, un mercado o un negocio, perdiendo de vista la imagen completa, y nos sumergimos en el proceso de evolución de otra persona. Nos reflejamos y nos movemos según cómo se mueve la otra persona. Nuestro movimiento queda en segundo plano; el movimiento de los demás, en primero.
El mundo se percibe como una fuente de recursos escasos, donde no hay oportunidades para todos, activando nuestro mecanismo de supervivencia en el que, inconscientemente, algo amenaza nuestra supervivencia. A corto plazo, competir puede parecer que trae algunos resultados aparentemente satisfactorios, pero a largo plazo, el riesgo de experimentar una frustración profunda es exponencialmente alto.
Competir significa entregar nuestra evolución al proceso de otra persona.
Una forma de trascender este paradigma es desarrollar un mindset de creador, generar una conexión profunda con nuestro propio proceso evolutivo y enfocarnos en navegar la reactividad de la competencia, respetando principalmente nuestro viaje de vida. Aquí tienes 3 puntos para no distraerte de tu propio proceso:
Compararnos con otros que consideramos mejores que nosotros es nuestro límite
Todos tenemos personas que nos inspiran con su proceso de desarrollo, de quienes podemos obtener ciertas perspectivas y posibles acciones para experimentar. Sin embargo, debemos ser cautelosos porque es muy fácil caer en la comparación. Sutilmente, dejamos de mirar nuestra propia experiencia y mantenemos los ojos brillantes en el proceso de otra persona, asumiendo que su experiencia puede ser la nuestra, cuando en realidad no lo es ni remotamente cerca ni posible.
Compararnos con otras personas con las que empatizamos o que nos gustan puede terminar siendo lo más dañino para nuestras vidas si no estamos alerta. Incluso cuando percibimos que una persona está en un lugar al que también aspiramos, nos estamos limitando al considerar que el potencial actual de esa persona es nuestro mismo potencial futuro. ¿Quién sabe cuál es nuestro propio potencial?
Lo que podemos afirmar es que el límite definitivamente no está afuera, por lo tanto no está en otra persona, sino en nosotros mismos.
Crear un propósito
Si no has desarrollado tu propósito o no lo has hecho consciente, entonces te ha sido asignado, ya sea por la sociedad, la familia o la escuela. El propósito es la sencillez de estar conectado con aquello que te convierte en el protagonista de tu propia vida, única e irrepetible. Es la conciencia constante de tomar lo que es útil para tu propósito y descartar lo que no lo es.
Piensa en ti mismo metafóricamente como un sistema operativo: abres el navegador, buscas información y descargas esa información. Cuando haces esto, lo que descargas se vuelve parte de tu sistema, coexisten juntos y todo lo que contiene estará ahí hasta el día en que decidas eliminarlo. Ser consciente de esto te permite seleccionar qué quieres conservar en ti, ya sea un diálogo con una persona, leer artículos o ver videos.
Define tus propias reglas para ti; en cualquier interacción descargas paradigmas, problemas o procesos externos que sirven o no sirven a tu propósito. Tienes la libertad de eliminar de tu vida lo que desees.
Compararte también es una guerra
Competir con nosotros mismos es activar una guerra interna. Es la falsa creencia de que alguna parte de nosotros no es aceptada y necesita ser cambiada. Si nos consideramos seres creativos y expansivos, en lugar de competir con nosotros mismos, entendemos que cada día somos una versión diferente que no tiene nada que ver con la anterior; aprendemos a trascender nuestro viejo yo.
Como una cebolla, pelamos capas y más capas cada día para encontrar nuestro mayor potencial. Tomamos acción y expandimos nuestra conciencia para eliminar lo que no es útil, con la certeza de que mañana también soltaremos lo que conservamos hoy para trascender hacia una nueva versión de nosotros mismos.
Nos vemos en la próxima carta.
Julian.-

